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EL VIRUS "ROJO"
Chiste

¿Por qué privatizamos la sanidad y no la Monarquía o la Iglesia?

¿Por qué privatizamos la sanidad y no la Monarquía o la Iglesia?













 
Hablemos de eficiencia. Esa hermosa palabra que los gurús de corbata y patinete eléctrico usan para explicarte por qué tu hospital público ahora tiene una lista de espera más larga que la saga de Fast & Furious. El dogma neoliberal es sagrado: si algo lo gestiona el Estado, es ineficiente; si se privatiza, funciona mejor.
Bajo esta lógica impecable, hemos visto privatizar la gestión de hospitales, las eléctricas, el agua y hasta los trenes. Todo sea por la bendita libre competencia y el ahorro del contribuyente.
Sin embargo, como buen ciudadano con conciencia de clase y un pelín de insomnio, me ha asaltado una duda macroeconómica brutal: Si la privatización es la solución mágica para optimizar recursos, ¿por qué demonios nadie propone privatizar la Monarquía o la Iglesia Católica?
Hagamos números (a los liberales les encantan los números).

1. Crown-funding: La Monarquía en el libre mercado
La Jefatura del Estado es, ahora mismo, el mayor monopolio del país. Un puesto vitalicio, hereditario y blindado. ¿Dónde está la competitividad ahí? ¿Dónde está el estímulo para mejorar el producto?
Si aplicamos la doctrina de la Escuela de Chicago, la Corona pide a gritos una privatización o, al menos, una externalización de servicios:
  • Subasta de títulos: ¿Por qué el título de Rey tiene que ser gratis por herencia? Que se subaste al mejor postor. "Su Majestad Amancio Ortega I" o "El Duque de Uber". Eso sí que atraería inversión extranjera.
  • Patrocinios en el discurso de Navidad: Un mensaje institucional de Nochebuena patrocinado por una marca de bebidas energéticas o criptomonedas reduciría el déficit público de golpe.
  • Despidos por baja productividad: En cualquier empresa seria, si el jefe de relaciones públicas se pasa décadas cometiendo "irregularidades fiscales" en Abu Dabi, se le aplica un despido procedente sin indemnización. Aquí le pagamos los escoltas.

Si la sanidad privada es mejor porque "compite", imaginad una monarquía compitiendo en el sector servicios. Una Jefatura del Estado Low Cost. Si no te gusta el rey actual, te cambias de compañía telefónica... o de dinastía.

2. Holy-Sourcing: La Iglesia y el libre mercado de la fe
Pasemos a la Iglesia Católica. Una institución que recibe miles de millones del erario público, disfruta de exenciones fiscales que ya quisiera Amazon y, además, tiene el monopolio del perdón de los pecados.
Si defendemos el capitalismo de libre mercado, el Concordato actual es una aberración comunista. La Iglesia debería competir en igualdad de condiciones:
  • Pagar el IBI: Si el panadero de tu barrio paga impuestos por levantar la persiana, ¿por qué la Catedral no paga por vender indulgencias y visitas turísticas? Menos privilegios feudales y más meritocracia empresarial.
  • Uber-misa: Si faltan curas, se externaliza el servicio. Una aplicación móvil donde pides un sacerdote autónomo (falso autónomo, probablemente) para que te confiese en siete minutos. Si llega tarde, le pones tres estrellas en la app.
  • Optimización de activos: Esos miles de bienes inmatriculados a nombre de la Iglesia que están vacíos... ¡Eso son fondos buitre desaprovechados! Imagina esos monasterios reconvertidos en modernos coworkings para nómadas digitales. "Rezando y facturando".


La paradoja del capitalista patrio
Es fascinante ver cómo el ala más a la derecha del espectro político se echa a temblar si el Estado gestiona las pensiones o la educación de tus hijos, pero se vuelve profundamente soviética cuando se trata de mantener con dinero público los palacios de la realeza o los palacetes de los obispos.
Para ellos, la eficiencia empresarial es urgente cuando te estás desangrando en urgencias, pero la "tradición mística e intocable" es prioritaria cuando hay que pagarle la asignación anual a personas cuyo único mérito laboral ha sido nacer en la cama adecuada o llevar una sotana.
En conclusión: si todo lo público es un despilfarro, empecemos a recortar por lo que no cura, no educa y no pincha ni corta. Aunque pensándolo bien, si privatizamos la Iglesia y la Monarquía, acabarían compradas por un fondo de inversión de Qatar... y la verdad es que el cambio de guion sería demasiado hasta para Netflix.